Récords en el béisbol cubano: su legitimidad

Alfredo Despaigne de seguro será el nuevo Rey del Jonrón para una temporada. (Foto: Juan Moreno Hernández/ Cubahora)

Por Reynaldo Cruz

Mucho se ha hablado de récords últimamente, sobre todo por la hazaña lograda por Enriquito Díaz recientemente, cuando desplazó a Antonio Pacheco como máximo productor de imparables en la pelota cubana, y por el ritmo en que Alfredo Despaigne está produciendo cuadrangulares, al punto de que podría romper fácilmente el récord vigente en poder de José Dariel Abreu y Yoenis Céspedes, y si insiste un poco más, podría ser el jugador que llega a 200 vuelacercas con menor número de veces al bate en Series Nacionales.

Claro, también hay que hablar de Eriel Sánchez y de Isaac Martínez, quienes llegaron a 200 jonrones + 1000 remolques y 1500 imparables, respectivamente. Eso, sin olvidar a Raimar Navarro y Pablo Millán Fernández, quienes protagonizaron – algo sin precedentes, por cierto – el primer cero hit cero carrera en la historia de la Regla Schiller a nivel mundial, primero además en extra inning en el béisbol cubano… más olvidado en la memoria, en ese mismo choque, Maikel Cáceres empató récord cuando se sacrificó en tres oportunidades.

Y por supuesto, los detractores… ¡ah! Esos personajes que echan leña al fuego, y hacen nacer la polémica una y otra vez.

Claro está, muchos han tratado de demeritar a Enriquito y a Despaigne, sobre todo.

Hay quienes dicen que el bólido de los Metros necesitó más Series Nacionales y más comparecencias al bate para superar a Antonio Pacheco… pero, ¿acaso no es él también recordista en comparecencias y turnos al bate? ¿No le da eso el derecho de romper también cuanto récord esté a su alcance? Es totalmente injusto – e imposible – que alguien compare a dos jugadores que no se parecen en otra cosa que en la posición en la que jugaron, y en que ambos han producido más imparables que ningún otro pelotero cubano en Series Nacionales. En una muestra más – como todas las que ha dado – de humildad y sencillez, Enrique Díaz dijo que el mérito más grande que se le podía dar era el de la consagración y el del sacrificio… sobran las palabras.

La otra cara de la moneda la representa Alfredo Despaigne, quien está MUY cerca de hacer añicos la marca de su ex compañero de equipo Yoenis Céspedes y el cienfueguero José Dariel Abreu. El ritmo actual de cuadrangulares – aunque ha bajado en producción últimamente – indica que Despaigne podría llegar incluso a 36 vuelacercas, lo que significaría el número 200 de su corta carrera. Sin embargo, la censura acompaña al granmense – como mismo acompañó a Céspedes. Hace un tiempo critiqué el hecho de que Céspedes no había dado cuadrangulares ante pitcheo de nivel, y Despaigne no lo ha superado mucho en eso. Sin embargo, TODOS los bateadores de Cuba se enfrentan una y otra vez al mismo pitcheo: son los buenos aquellos capaces de castigar a los que deben castigarse.

Aunque a partir de este año animará otros escenarios, Céspedes seguirá siendo el recordista "invisible". (Foto: Kevork Djansezian/Getty Images)

La calidad del pitcheo castigado por Céspedes el pasado año fue tal vez la causa principal por la que José Dariel fue bautizado como “El Jonronero Cósmico de la Pelota Cubana” – a toda esta historia podía dársele el mismo adjetivo, pero sin la letra “S” – mientras que Yoenis Céspedes sufrió la exclusión que fue luego seguida por su salida del país (que conste que fue en este orden y no en el otro, aunque una cosa no justifique a la otra). Ahora el recordista ¡¿en solitario?! es Abreu, aunque se ha “olvidado” que el jugador que debe abrir la temporada de la MLB como center field de los Oakland A’s que está por comenzar fue el primero en sacar 33 pelotas del parque en Cuba.

Por supuesto: jonronero es jonronero, recordista es recordista… y me cuesta trabajo creer que existan personas que en un pasado hayan criticado el asterisco de Ford Frick sobre el 61 de Roger Maris – motivado por su admiración incondicional hacia Babe Ruth – estén tratando de establecer límites entre una cifra de partidos y otra, motivados por la admiración hacia no se sabe quién, pues no hay “integridad” alguna que proteger.

Los primeros culpables de una posible “diferencia” entre un récord y otro son precisamente los organizadores de la Serie Nacional, que han impuesto tantos formatos diferentes – a pesar de que hablan desde ambos lados de la boca y dicen querer “mantener las estructuras” – que es difícil decir a ciencia cierta cuándo se impusieron cada uno de los últimos cambios, y lo que es peor: el porqué.

Por eso es infundado que intenten demeritar a unos u otros peloteros cuando ellos son los “culpables” de tanta inestabilidad… bien por los jugadores que han sabido ajustarse a los cambios, y no han perdido sus ritmos. Si hay más o menos juegos, se impone totalmente un cambio en la preparación y en los entrenamientos. Si hay pitcheo de mayor o menor calidad es culpa de los que organizan, que no se han dado cuenta de que hace falta un torneo más fuerte. Si alguien acumula mejores números que otra persona, perfectamente podría agregar que ha sido más consagrado.

El mismo Enriquito – él que en tantas de esas estructuras ha participado – podría perfectamente echarles eso en cara cada vez que alguien intente minimizar su increíble hazaña… sin contar con que puede decirles, con la mayor tranquilidad del mundo: “eh, y a mí nunca me han llevado al equipo Cuba.”

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