SNB: Sobre el Play Off y las reglas no escritas

Los sureños rompieron el cero-hit-cero-carrera de Freddy Asiel Álvarez con toques de bola. (Foto: Aslam Ibrahím Castellón)
Los sureños rompieron el cero-hit-cero-carrera de Freddy Asiel Álvarez con toques de bola. (Foto: Aslam Ibrahím Castellón)

Por Reynaldo Cruz

Una y otra vez hemos tocado el tema de las llamadas Reglas No Escritas del Béisbol y sus implicaciones éticas, y que desgraciadamente no son patrones o pautas que deban seguirse al dedillo por jugadores y entrenadores… y me parece que en estos momentos hasta los árbitros y hasta los anotadores oficiales entran en esta nueva discusión.

Y es que aunque sea un Play Off, y aunque usted esté buscando ganar a toda costa, el respeto por el contrario, por el deporte en sentido general y por la camiseta que se lleva puesta es algo realmente primordial.

Primero, y no es que se trate de ser supersticiosos, pero ya que la superstición está tan ligada al béisbol, y Cuba no es ni remotamente la excepción, sino la confirmación de que esto es cierto, debemos cumplir ciertos parámetros que aparecen entre las 25 Más Grandes Reglas No Escritas, expuestas hace más de un año por Dan Tylicki en Bleacher Report. Una de las primeras… no, de hecho, LA PRIMERA que expone es no hablar de un no-hit-no-run en progreso. Pues sucede que esto lo olvidaron totalmente Hevián Guerra, Sergio Ortega y hasta Julia Osendi… aunque ellos no son totales culpables, pues en este partido se dieron varias situaciones de más ética cuestionable que de ingenuidad, que fue de lo que pecaron los narradores. La pregunta es si habrían dicho lo mismo de haber estado en la lomita un lanzador azul.

Para empezar, hablar constantemente del cero-cero en el cuarto o quinto inning no es que vaya a “maldecir” la hazaña, así que no vamos a creer en esto totalmente, pero ¿cómo se ve el equipo contrario ante la TV? Tener en cuenta el no-hitter, como se dice en inglés, tan temprano en el encuentro es en parte un poco apresurado, ingenuo, y poco probable, pues en el séptimo inning podría perfectamente caer el primer imparable, como además sucedió, pero de esto hablaremos más adelante.

Fue en el sexto capítulo donde sucedieron cosas cuestionables, cuando Iday Abreu—debajo en el marcador por una carrera, eso sí que lo entendemos, y quizás hasta se vio en medio de un conflicto a la hora de decidir—quiso adelantar a Lednier Ricardo con un toque de bola de Joan Manuel Moncada… sí, el rapidísimo Moncada, que Freddy Asiel recibió, y tiró a la inicial en una cerrada jugada que el árbitro Fernando Zamora cantó quieto y que terminó siendo anotado como hit. Ahora bien, ¿cuántas cosas a criticar? Es cierto que Iday Abreu tenía la tanda baja en turno, es cierto que es un play off y hay que ganar, pero ¿romper un cero-hit en el sexto inning con un toque de bola? Parece un poco extremo ante los ojos de los puristas, ¿cierto? Y está el árbitro… como siempre, el árbitro detrás de todo, y aunque es cierto que esta no es la jugada en la que Jim Joyce echó a perder una posible hazaña de Armando Galarraga, pues fue “llegando y llegando”, los umpires deben estar claros de la situación del partido, y en ese momento, aún cuando se dice que en jugadas cerradas la “ventaja es para el corredor” (al menos eso estaban diciendo nuestros narradores), el sentido común indica que la jugada debía ser out, porque el primer indiscutible debía ser “de verdad”, o sea: sólido, claro, sin margen a dudas o posibles especulaciones. Nada que hacer, por parte del anotador oficial, quien no podía cargarle el error al lanzador o al primera base para proteger algo que ya estaba adulterado.

Después vino otro intento de toque de Erisbel Arruebarruena que fue fildeado de aire por el lanzador que casi dobla en la intermedia. Ya se había perdido el no-no, así que Arruebarruena estaba haciendo lo que debía en busca de la victoria… sin discusión.

No obstante, para tranquilidad de la conciencia del árbitro, y posiblemente de la de los cienfuegueros, José Dariel Abreu (no podía ser otro) pegó una línea que pasó limpiamente hacia el jardín central y que se convirtió entonces en el segundo imparable, pero que legitimó un poco las acciones anteriores, aunque habría que ver si Freddy Asiel le hubiese lanzado igual a Abreu, y no hubiese incluso otorgado la transferencia con cuatro envíos bien alejados de la zona de bateo. La duda siempre quedará…

No habían pasado 24 horas cuando en el encuentro entre Sancti Spíritus y Matanzas se dio otro fenómeno que no tuvo implicaciones más allá, pero que de tenerlas no habría asombrado a mucha gente. Con el encuentro empatado a dos y par de hombres en circulación, Yunior Paumier le desapareció la pelota al abridor yumurino Joel Suárez, batazo que a la postre resultó decisivo. A seguidas, los problemas —aunque la sangre no llegó al río. Al primer envío al siguiente bateador, Liván Monteagudo intentó el toque, y para su desgracia, este salió de foul.

Fue entonces que apareció la señal de violencia: Suárez le lanzó un envío que pasó silbando por encima de la cabeza de Monteagudo, quien al parecer estaba bien consciente de que había “metido la pata” porque apenas se inmutó. Es cierto que fue un envío no tan rápido y bastante separado del bateador, por lo que se puede inferir que el objetivo era más intimidar que golpear… hay quien dice que cuando un lanzador quiere golpear a un bateador, casi siempre lo logra, y cuando no lo hace, se queda bien cerca. Lo cierto es que Víctor Mesa salió como un bólido de la cueva y “dijo que no” a Joel Suárez, evidentemente pidiéndole que no lo intentara de nuevo.

Ahora, de haberlo hecho, habría habido expulsión, pero estaría justificado. Tocar la bola tras un cuadrangular, y más aún si se está arriba en el marcador, además de faltar el respeto al contrario, es una forma de cortar un posible rally y dar por terminado un posible momento de efervescencia ofensiva. Esto se agudiza aún más si verificáramos el porciento de éxito de los bateadores cubanos que intentan tocar la bola, lanzamiento por lanzamiento, que de seguro estará por debajo del 25% y estoy siendo bastante optimista.

Como no todo es de criticar, es bueno aplaudir que Víctor Mesa jugara por la victoria en vez de por el empate, pues eso dicen las “reglas” que se “debe hacer” cuando uno es visitador en las postrimerías del encuentro. Por eso no tocó la bola —acción que le costaría luego una doble matanza—, pero olvidó un detalle: Matanzas no tiene cuarto bate natural. Si bien el mentor de los Cocodrilos explicó bien claro que de empatar el choque se mantendría contra la pared, también reconoció que la falta de un  cuarto madero natural le influyó en el desenlace final.

Pero Víctor debió haber pensado en esto antes de pedir los refuerzos, pues el único jugador de posición que pidió fue Maikel Castellanos, un jugador de cuadro y jardinero que es cualquier cosa menos un jonronero.

Por el momento, hay bastante de qué discutir en cuanto a Reglas No Escritas y cómo éstas son “quebrantadas” una y otra vez por los peloteros y directivos en la Serie Nacional, y de cómo los narradores, árbitros y anotadores pueden o no influir en esto. La pelota es un deporte de muchas probabilidades, muchos números y mucha subjetividad en cuanto a los números. En ocasiones un buen promedio de bateo puede estar inflamado por falta de objetividad de los anotadores, después de todo, hasta los strikes y las bolas influyen. Pero esta historia ya es diferente.

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