Béisbol Cubano: De la reglamentación de pitcheo y los Play Off

Para poder permanecer en el box el pasado sábado, Noelvis Entenza no podía perder el cero-hit. (Foto: Carolina Vilches Monzón)
Para poder permanecer en el box el pasado sábado, Noelvis Entenza no podía perder el cero-hit. (Foto: Carolina Vilches Monzón)

Por Reynaldo Cruz

Mucha gente se molesta hoy de que el pitcheo en los Play Off de la Serie Nacional no sea “libre”, y que los tiradores se vean obligados a—como si esto fuese el Clásico Mundial de Béisbol—a efectuar no más de un centenar de envíos hacia el plato por cada salida. Durante la etapa regular, sin embargo, el límite de lanzamientos era de 120, y en ambos casos, la medida tenía (o tiene) como objetivo fundamental, la protección de los brazos de los serpentineros.

Es cierto que el lanzador es el jugador de béisbol que más esfuerzo físico necesita realizar, el que más debe entrenar, el que más desgaste sufre y el que menos juega (una vez cada cinco o seis días en algunos casos), y que se hace imperioso proteger los brazos de los serpentineros.

Sin embargo, la limitación de pitcheo me parece excesiva y perjudicial para el desarrollo de los serpentineros.

En primer lugar, no todos los lanzadores necesitan un tope en su cuota de envíos a efectuar en el montículo, pues en el caso de los junkballers (que es como se conoce en Grandes Ligas a los pitchers que no tienen mucha velocidad pero que trabajan con maña e inteligencia) el hombre puede efectuar, 135 y hasta 140 envíos sin riesgo para su brazo de lanzar.

Por otro lado, hay quienes a la altura del lanzamiento 70 comienzan a flaquear y se hace necesario buscar relevo para ellos.

Claro, que en el caso de la Serie Nacional, se hacía necesaria además una especialización del pitcheo, y para lograrlo se convirtió en una prioridad establecer un tope para todos los lanzadores, de manera tal que en la gran mayoría de los encuentros fuese necesario buscar relevo. Y por supuesto, a fuerza de necesidad, surgirían buenos relevistas.

Pero todos los excesos son malos… y el hecho de que en los dos últimos años el puntero en efectividad haya sido un relevista (Pablo Millán Fernández el pasado año y Diosdani Castillo en este) en un béisbol de tan pocos partidos como éste, es una muestra de que ha habido desesperación, y que lo que fue un exceso para los abridores en su momento, se ha convertido en este para los relevistas.

Debo aclarar que no estoy refutando que haya una reglamentación de pitcheo, pero en lugar de ser establecida por una comisión nacional que no va a tener que lidiar con los avatares de tener que arriesgarse a perder un partido lanzado magistralmente por el as del staff solamente por no contar con intermedios, preparadores o cerradores. Pienso que el límite debe afectar solamente la cantidad de días que el pitcher en cuestión deba descansar antes de lanzar nuevamente, porque acá todo el mundo sabe que José Antonio Huelga lanzó un partido de 20 entradas y no le dolió el brazo, y hoy los terrenos y los propios jugadores tienen mejores condiciones que en aquel tiempo (¿era acaso que aquellos entrenadores eran mejores?).

Es ahí precisamente donde debe estar la restricción de pitcheo o se establece el pitch count para el serpentinero en el encuentro: el entrenador de pitcheo y el preparador físico, en conjunto con el lanzador, deben establecer un límite de envíos y ni siquiera esto debe ser arbitrario, sino que debe funcionar entre una salida y otra.

La Comisión Nacional de Béisbol debería dejar esto en manos de los equipos, pero… ¡un momento! Si es que ya se había hecho antes, y en muchos casos las provincias aniquilaron las carreras de los tiradores. Sobre todo en los Play Off, es necesario que los pitchers estén habilitados para lanzar todo lo que puedan, sin que esto signifique poner en riesgo sus brazos o sus respectivos futuros por intentar ganar un campeonato que no es el medidor de calidad de esta pelota.

En las Grandes Ligas hay quienes pasan de 100 cada vez que lanzan (siempre y cuando no exploten), y hay a quienes ya sobre el lanzamiento 80 le están buscando relevo. Los ponchadores son hombres muy trabajadores, pues por ende realizan numerosos envíos hacia el plato, mientras que hay otros que dominan o se enredan sin tener que tirar demasiadas pelotas hacia el home.

Todas estas cosas debe tenerlas en mente el entrenador de pitcheo, en lugar de tener que estar diciéndole a su jugador cómo debe lanzarle a tal o más cual bateador. Debe saber cuántos envíos es capaz de hacer en esa jornada, por como lo vea en el entrenamiento o en la sesión de bullpen previa al encuentro debe saber si el lanzador es capaz de llegar a 130 lanzamientos, o si lo va a “cortarlo” una vez que llegue al número 75.

Sería ese el primer gran paso para la verdadera protección de nuestros monticulistas, pues hoy por hoy a unos cuantos de los abridores les daña lanzar hasta 80 pelotas, mientras otros con 100 se quedan “hambrientos”, deseosos por 30 y hasta 40 más.

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