Gran Final: Roto el maleficio… ¡Villa Clara campeón!

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Por Reynaldo Cruz

“¡Finalmente!”, habrán dicho los villaclareños que durante dieciocho años han visto a su equipo caer en los momentos cumbres, aquellos que siempre apoyaron a su equipo y que en varias ocasiones se fueron a casa cabizbajos, con la decepción en el corazón. Pero este año todo debía ser distinto, o al menos eso parecía… hasta que se hizo realidad, y la Gran Final de la pelota cubana se pintó, por primera vez en mucho tiempo, de naranja.

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No podía el drama ser más intenso, más morboso… Víctor Mesa, artífice de dos subcampeonatos de esas naranjas, pero sin ganar un solo partido en Play Off con ellos, en el banquillo opuesto, trazando estratagema tras estratagema para deshacer a una maquinaria que si bien no tenía entre sus credenciales  el ser aquella Trituradora Naranja de los años noventa, se había convertido en un elenco cohesionado, inspirado, y lo que es mejor, que se divertía en el terreno de béisbol.

Cuando todo parecía que los Naranjas quedaban fuera de la competencia, lograron clasificar y desbancar a los monarcas de la Serie Nacional 51, Ciego de Ávila, y dejaron en el camino a los poderosísimos Elefantes cienfuegueros, para luego dar cuenta de Matanzas, un eléctrico plantel que venía de haber dado una remontada histórica en un octavo inning del séptimo y decisivo encuentro ante Sancti Spíritus. Fue entonces Villa Clara un conjunto que fue de menos a más, y no se detuvo hasta cumplir con la ansiada meta de un equipo en Series Nacionales.

Un juego emotivo, como casi todos los de esta postemporada—pero dejando bien clara la SUPERIORIDAD de los Naranjas—fue el punto culminante de la temporada beisbolera, que tuvo además a un conjunto de Matanzas que no se rindió NUNCA y que luchó cada partido como si fuera el último de sus vidas.

Ariel Pestano pegó grand slam ante el relevista Maykel Martínez, que capitalizó una entrada de cinco carreras, y el relevista Jonder Martínez supo auto-relevarse en una octava entrada en la que los yumurinos le fabricaron tres anotaciones, para dar el título a un Villa Clara que finalmente reverdeció laureles y regresó a la cima del podio de premiaciones.

Amén del arbitraje, otra vez desacertado, primero en el toque de Dairon Varona —con el que el abridor Jorge Alberto Martínez nunca hizo contacto—, y luego con el out en home a Guillermo Heredia… otra jugada cerrada, los naranjas jugaron mejor todo el tiempo, con menos presión, y tal vez con mucho mayor deseo de divertirse… aunque deseos de victoria hubo por ambos lados.

Ramón Moré supo imprimirle a su equipo el ánimo de jugar en familia, fue el que mejor pidió (en insertó) a sus refuerzos… tal vez el que más convencido estaba de sus necesidades: un torpedero defensivo como Yordán Manduley (quien también bateó todo lo que quiso), bateadores de fuerza como Edilse Silva y Dairon Varona, bateador con picardía y mañas como Danel Castro y otro lanzador como Jonder Martínez, para redondear un staff endemoniado, siniestro, prácticamente infalible…

Además, no puede obviarse (dudo que alguien pueda obviar) el trabajo de su cuerpo de pitcheo, encabezado por Freddy Asiel Álvarez, un quebradero de cabezas para los rivales, autor de cinco triunfos en la postemporada y con un promedio de efectividad de 0.00, recordista con 40.2 entradas sin permitir anotación de ningún tipo. Misael Siverio fue otro que se comportó a gran altura, al haber ganado el segundo partido en el Victoria de Girón.

Y estuvo además esa defensa, que si bien le falló en un encuentro a su estelar lanzador, salvó la situación en miles de ocasiones. Andy Sarduy —un defensor del segundo cojín como pocos— se entendió a las mil maravillas con el holguinero Manduley—convertido para muchos en el mejor torpedero de la pelota cubana en la actualidad—, mientras que Yeniet Pérez defendía la esquina caliente como todo un coloso.

No puede dejar de mencionarse el bateo oportuno, con Ariel Borrero, Silva, Ariel Pestano—quien en la mente de mucha gente ha finalmente tomado venganza contra Víctor Mesa con su jonrón de cuatro carreras—los propios Yeniet y Manduley…

Una todos esos factores, y tendrá usted en sus manos una fórmula parecida a la que siempre aludía Earl Weaver para hablar de victorias: Fundamentos del béisbol, pitcheo, defensa y jonrones de tres carreras. La fórmula naranja fue formada por fundamentos, pitcheo, defensa, bateo oportuno y una de la que nadie habla: diversión y más diversión… incluso cuando perdían, se veía un conjunto villaclareño divirtiéndose en el terreno de juego… después de todo ¿no es esa la razón principal para practicar un deporte?

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