Una para los analistas: Sobre las rolatas con hombres en base… ¿suerte o verdad?

Baños dominó mayormente en momentos complejos. (Foto: Ricardo López Hevia)

Baños dominó mayormente en momentos complejos. (Foto: Ricardo López Hevia)

Por Reynaldo Cruz

“No le hicieron carreras, pero le dieron diez hits… ¡navegó con tremenda suerte!” puede escucharse de vez en vez a la salida de un estadio, cuando el equipo de casa ha obtenido una victoria y el lanzador local no se ha visto tan dominante como muchos hubiesen querido. Siempre se ha hablado del componente “suerte” en el béisbol, de que en ocasiones una línea sólida termina siendo doble play mientras que un batazo a “bate quemado” puede llegar a romper incluso un juego perfecto. Es parte del béisbol, ese misticismo que a veces nos deja atontados, cuando el jugador que realizó el fildeo espectacular para terminar el inning de los rivales e impedir un posible rally, es el primer hombre al bate y conecta jonrón. Pero no hay tanto misticismo en un lanzador que logra sacar los outs que hacen falta, pues muchas otras cosas que a veces pueden ser imperceptibles se ponen en práctica.

La pregunta que puede llevarnos a todo un análisis sobre estadísticas y “no estadísticas” es más que simple: ¿cuántas veces un lanzador que tiene hombres en circulación con menos de dos outs induce rolata? Esta interrogante podría incluso llevar a otra: ¿cuántas veces un lanzador que tiene hombre en tercera evita que la pelota pase a los jardines?

Tenemos acá una cuestión bastante interesante, pues un tirador que se encuentra con ventaja en el marcador puede tener la tendencia a bajar un poco la intensidad, y solamente cuando su tranquilidad o su comodidad se vea afectada, podrá hacer algo al respecto, es decir, ponchar al bateador, o en el mejor de los casos, obligarle a que conecte rolata por el infield.

Por supuesto, que muchos—por no decir todos—los analistas del béisbol en Cuba preferirán voltearse a la estadística del promedio de carreras limpias, las victorias o el más reciente WHIP. No está mal que lo hagan, pues el béisbol es un deporte donde las estadísticas tienen un papel tan importante, que cobran vida dentro del choque, y que hacen que todos estén pendientes de ellas, al punto que se convierten casi en un nuevo deporte, una forma de literatura, una ciencia y hasta una forma de vida.

Esto, a su vez, hace que todo en la pelota sea contable, y contar el promedio de rolatas que un lanzador permite con corredores en circulación claramente sirve para demostrar cuán altas eran sus probabilidades de salir airoso, toda vez que alguna de esas rolatas pudo haberse convertido en error o en hit debido a un defensor mal ubicado.

Tomemos, por ejemplo, el último partido lanzado por el pinareño Vladimir Baños, el martes 25 de febrero, en el que sorteó dificultadas y dejó en dos anotaciones a Matanzas, pese a haber permitido ocho imparables en siete episodios (a más de uno por entrada).

Mirando el play-by-play, podemos analizar que, por ejemplo, en el primer inning, se le embasó Ariel Sánchez por ponche wild pitch y el siguiente bateador, Yadiel Hernández, roleteó por segunda para doble matanza. Examen aprobado: obligó a uno de los mejores impulsadores de Cuba a batear por el suelo con hombre en primera y menos de dos outs, lo que le trajo excelentes dividendos.

En el segundo episodio, le pegaron par de inatrapables, pero ambos con dos outs en el pizarrón, y dominar a un bateador tan peligroso como Eriel Sánchez fue la tarea difícil, pero lo logró sin que le sacara la pelota del cuadro. Tres entradas más tarde (el tercero y el cuarto innings se fueron de 1-2-3), le ligaron par de dobles (de Yasiel Santoya y Víctor V. Mesa), aunque los dos últimos outs que sacó fueron también en rolata. En el sexto capítulo, Yadiel Hernández le conectó doblete, pero logró ponchar a José Miguel Fernández y obligó a Lázaro Herrera a conectar rolata por el campo corto.

En la séptima entrada, dando ya muestras de cansancio, fue en la que más problemas pasó Baños, pues tras un out, permitió sencillo de Aníbal Medina, quien además robó la segunda y anotó por cohete de Eriel Sánchez, que fue sustituido por el corredor Richel López. Víctor V. Mesa pegó sencillo en ROLATA al izquierdo… ¿Qué ocurrió después? Pues nada, que el diestro pinareño volvió a obligar al bateador en turno, en este caso Dainer Moreira, a roletear por el infield, acción que terminó en doble play por jugada continuada, pues Víctor Jr. fue forzado en la intermedia y López fue puesto out tratando de anotar.

O sea, que incluso en el límite de lanzamientos establecido por la CNB, y en su momento de más problemas, Vladimir Baños logró hacer que los rivales conectaran para rolata. Es evidente que en esto juega también un papel la psiquis de los rivales (algo que últimamente se ha convertido en un mal crónico de los peloteros cubanos), el momento en que se encuentren ante una situación en la que requiera producir. Sin embargo, estamos hablando del único equipo que en estos momentos tiene más de 40 triunfos, primero en la tabla de posiciones y una de las más temibles alineaciones del país.

En resumen, en ese partido, Baños enfrentó a 12 bateadores con hombres en circulación, y de ellos le pegaron de hit cuatro. Lo interesante es que los ocho que fallaron, uno se ponchó y seis no pudieron sacarle la bola del infield, dejando solamente a un bateador que le mandó un batazo a los jardines que fue un elevado al derecho con corredor en segunda base. No es este el mejor ejemplo de dominio, pero estamos hablando solamente de los momentos en que había corredores en posición anotadora. Lo más interesante —que puede ser motivo de otro análisis— es que cuando no sacó el primer out del quinto inning, le marcaron una.

Por el momento, esta es una muestra de lo importante de pitchear bajo y de inducir rolata con corredores en circulación. O sea, que sería bueno saber cuántos de nuestros lanzadores obligan a roletear a sus rivales cuando hay hombres en las almohadas, y cuántos de ellos logran salir airosos de situaciones de este tipo. En estos casos, estadísticas como el WHIP y el promedio de bateo de los contrarios, son poco ilustrativas, pues no miden en realidad la efectividad de un lanzador que tal vez baje la guardia con dos outs o puede emplearse a fondo cuando la situación lo requiera. Llevar estas cifras no es tan complicado, pues no requieren de un gráfico de dispersión ni nada por el estilo, pero sí de un podo d paciencia y dedicación.

Por supuesto, que estamos hablando de un solo partido, y que cada juego es diferente, pero tomar una muestra de los lanzadores en Cuba y ver con qué frecuencia logran escapar de situaciones de este tipo sería algo muy interesante de ver.

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