Los managers de gradas

Los managers de gradas de Bill Veeck. (Foto: The Sporting News)
Los managers de gradas de Bill Veeck. (Foto: The Sporting News)

Por Reynaldo Cruz

Los managers de gradas son una de las criaturas más comunes en nuestros estadios de béisbol (y también pueden encontrarse en las bodegas, paradas de guaguas, parques, colas del pan, farmacias y en cuanto lugar haya algún cubano con deseos de hablar de béisbol). Todos saben más que los que se ganan la vida en esas labores, y siempre aparecen con una teoría “más acertada”, o “más audaz”, o tal vez hasta “más sensata o lógica” que la decisión que pueda haber tomado el timonel del equipo de sus preferencias. Claro, que la prensa en ocasiones asume ese rol con los “no me gusta esta jugada” o “ya sabíamos que esto iba a pasar”, sobre todo después de que la decisión sale mal, porque cuando sale bien, se dice todo lo contrario.

Dirigir un equipo (y quien lo dude que juegue media temporada en cualquier versión del juego interactivo Baseball Mogul y solamente tendrá que lidiar con la parte deportiva del asunto) es una de las cosas más complicadas que existen, porque se trata de hacer funcionar a un grupo gigantesco de personas, en pos de un mismo objetivo, en situaciones en las que se depende totalmente de la ejecución, la sincronía, la comunicación y la buena química.

Por supuesto, que los elementos que más se echan a ver son la ejecución y la toma de decisiones en el desafío. Una y otra vez, los fanáticos piden “la cabeza” del director (se busca vivo o muerto), cada vez que éste toma una decisión que no resulta productiva o que puede costarle el juego.

Por eso, he decidido traer una historia que fue muy célebre en las Grandes Ligas durante la década del 50.

En una ocasión —y no precisamente debido a las presiones de la fanaticada en contra de los mentores— el excéntrico Bill Veeck, propietario de los St. Louis Browns, ideó una estrategia para atraer más público a sus estadios, y el 24 de agosto de 1951 —cinco días después de haber traído a batear de “emergente” al enano de tres pies y siete pulgadas Eric Gaedel— decidió lanzarse un truco publicitario aún más audaz y loco.

El día antes del partido en cuestión, Veeck lanzó un concurso en St. Louis Globe-Democrat que permitiría que los fans votaran por el line-up inicial de los Browns para el juego contra los Athletics. Todos los que enviaran sus votos, recibirían a cambio un ticker para el enfrentamiento, y se sentarían en una sección especial detrás del dugout de los Browns. Dicha sección tenía el nombre de Grandstand Managers Section, y los mentores de gradas tenían a su lado al director del equipo Zach Taylor, quien se comunicaba con el coach Johnny Bernardino por medio de un walkie-talkie. Entre los “managers” se encontraba el señor Connie Mack.

Cada vez que una situación de juego requería una decisión específica (sobre todo relacionadas con jugadas ofensivas o ubicación de los jugadores) del mentor, un empleado de relaciones públicas levantaba un cartel y los aficionados votaban con un cartel rojo para “No” y uno verde para “Yes”. Entonces, los “votos” eran tabulados por el Juez del Circuito del Distrito de St. Louis James E. McLaughlin, quien pasaba rápidamente la decisión a Taylor para que éste dijera a los jugadores lo que debían hacer. Los “directores” ganaron el juego, y de tres decisiones que tomaron, fallaron en una (no tan mal).

Esta fue una de las tantas cosas que hizo Bill Veeck para atraer fanáticos a los partidos de los maltrechos St. Louis Browns, y divulgarla en Cuba podría ser una manera de dar una lección a los fanáticos que piensan que saben más que los directores de equipo. Todos los mentores (buenos, regulares o malos) se equivocan, y lo hacen constantemente: el béisbol es un deporte de fallos (los buenos bateadores fallan cerca del 70% de las veces), y a veces una decisión sensatamente correcta depende en un 80% de la ejecución de alguien que tiene una calidad superior, pero los porcientos siempre estarán en su contra.

3 thoughts on “Los managers de gradas

  1. Realmente interesante Rey, ese “loco” hizo algo insólito, pero demostró algo. Claro que un manager de dogout tiene muchas ventajas sobre un manager de gradas: Conoce de cerca la situación física, emocional y técnica de un jugador en un momento determinado, incluso puede actualizarse de primera mano en el momento de tomar la decisión y el de gradas no. Conoce mejor las limitaciones que tiene en su colectivo para tomar quizás una decisión más certera y el de gradas no tan exactamente. Se supone que halla estudiado al equipo contrario y tenga alguna información útil para tomar determinada decisión y el de gradas no tanto.
    También el manager de dogout tiene otras posibilidades como la de preparar sus peloteros, superarlos, entrenarlos y erradicar o minimizar sus debilidades y se supone que conozca hasta que punto lo ha logrado en un momento determinado.
    Lo que no cabe dudas es que se impone en nuestra pelota disponer de mejor información para la toma de decisiones, ya sean estas estratégicas, tácticas o puntuales y en ello ayudaría un mundo utilizar las estadísticas y la sabermetría, no nos quedan muchos viejos lobos que sepan ganar establemente con el librito viejo.
    De cualquier forma la idea de Bill Veeck se la vendería con gusto a HB90. Quizás los 2 managers salgan ganando, el del dogout y el de las gradas.

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