Sobre el límite de envíos: ¿Quién cuida de verdad los brazos de los pitchers?

Yosvani Torres se ve como un lanzador capaz de hacer hasta 135 lanzamientos. (Foto: Reynier Batista Morales/RadioCOCO)

Yosvani Torres se ve como un lanzador capaz de hacer hasta 135 lanzamientos. (Foto: Reynier Batista Morales/RadioCOCO)

Por Reynaldo Cruz

Más de una persona en la calle me ha expresado su preocupación sobre el estado de los brazos de varios de los lanzadores cubanos, alegando, no sin razón, que las lesiones de los pitchers han aumentado durante los últimos años. Varios son los nombres de lanzadores que han mostrado lesiones en sus hombros, codos, muñecas, en los últimos años; muchos de ellos sufren la “fatalidad” luego de haber integrado el equipo Cuba y de haber sido fundamentales en un triunfo internacional —o deberíamos decir “después de haber sido los únicos que sacaron la cara en la deplorable actuación la escuadra cubana”.

Vamos a partir del principio de que en Cuba, para la Serie Nacional de Béisbol, existe un límite de lanzamientos para cada tirador. Un pitcher abridor solamente puede lanzar 100 envíos por salida, y la única razón por la que puede rebasar esta cifra es para terminar un turno al bate o si está lanzando un juego perfecto o un no-hit-no run.

Como consecuencia, el juego completo se ha convertido en una rareza en la pelota cubana, tanto que en la recién concluida etapa clasificatoria de la Serie Nacional, apenas se completaron 23 encuentros, cinco de los cuales fueron a la cuenta de Yosvani Torres, mientras que solamente Norge Luis Ruiz, Vladimir García y Lázaro Blanco completaron dos. Por supuesto, que tenemos que analizar además el hecho de que no contamos con cuántos partidos de esos “completos” terminaron por regla de piedad en el séptimo o en el quinto episodio, lo que indica que no fueron 23 los juegos en los que el lanzador logró sacarse un “Greg Maddux” del bolsillo —por “Greg Maddux” entendamos completar un desafío de nueve entradas sin llegar a 100 envíos para el home.

Como es conocimiento de todos los que al menos una vez han hablado de la reglamentación de lanzamientos, la idea principal es proteger los brazos de los lanzadores con vistas al equipo nacional. Entonces debemos preguntarnos qué es lo más importante, si el equipo nacional o lo que es conocido como el “mayor espectáculo sociocultural del país”. En este sentido, hay muchas opiniones divididas, y los desesperados intentos de la Comisión Nacional de Béisbol por salir del bache de las decepciones y las debacles internacionales que han minado a la pelota cubana en los últimos tiempos no han sido para nada efectivos.

¿Es la reglamentación de pitcheo una herramienta efectiva para la protección de los brazos?

Sí: Se dice que sí, que esta reglamentación es efectiva a la hora de proteger a los tiradores, sobre todo porque al no tener que sobrepasar los 100 envíos para el plato no sufren mucho desgaste o esfuerzo. Hay que analizar que ya llegar o acercarse a los 100 lanzamientos es en sí un factor de riesgo, y quien lo dude, que lance un juego completo con más de 100 envíos “al flojo”, para que vea cómo termina su brazo o si puede caminar recto sin tambalearse.

Esta comparación no está hecha de manera objetiva, claro está, pero es para ponernos en perspectiva respecto a un elemento: lanzar un partido de béisbol requiere de cierta preparación, y hay una razón por la cual las victorias y las derrotas se le cargan al lanzador, y es precisamente porque su esfuerzo y su grado de responsabilidad son tan grandes, que no podría ser de otra forma.

Toda lógica indica que pasar ya de 85 o 100 lanzamientos supone un desgaste físico aún mayor, y que una vez terminado ese encuentro, el pitcher deberá descansar mucho más.

Si no existiera la reglamentación de lanzamientos, estos equipos que tienen solamente a un lanzador confiable en su staff se verían en la necesidad de “exprimirlos” cuanto les sea posible con el objetivo de asegurarse la victoria. Muchos han sido testigos de juegos que se les han escapado de las manos a los managers porque sus relevistas no aguantan las ventajas que les dejaron los abridores. Sin ese límite, habría muchos más pitchers lastimados que los que ya hay en la actualidad.

A este paso, un lanzador abridor que trabaje en digamos 17 partidos, tendría que lanzar como promedio 110 envíos por salida (teniendo en cuenta la posibilidad de que una que otra vez explote y no pase de 70 pero analizando también que puede haber pasado de 135 en otras ocasiones), lo que se traduciría en 1870 lanzamientos en la temporada, parece un número bajo, pero no lo es.

Pero no: no siempre esta reglamentación es lógica o efectiva. La razón es más que simple: ningún lanzador es igual al otro, y el desgaste que sufren unos con 80 lanzamientos, no tiene nada que ver con el que sufren otros con la misma cantidad de envíos. Se trata de puro sentido común, si todos tuviesen la misma fuerza y la misma capacidad, Usain Bolt no podría haber roto el récord en 100m y 200m si alguien no lo rompía junto con él, ya alguien más habría superado el récord de Javier Sotomayor, o todas las pertiguistas empatarían todas las competencias con Yelena Isinbayeva. Es así de simple.

Por tanto, la reglamentación de lanzamientos no puede ser establecida de manera arbitraria por el ente poderoso (dígase la Comisión Nacional de Béisbol) por la sencilla razón que ningún pitcher se parece a otro, y el nivel de desgaste no es el mismo.

Entre los numerosos hándicaps que trae esta ley se encuentra en la sobre-explotación de algunos (sí, aunque no lo parezca, más adelante explicaré porqué) y la sub-utilización de otros.

Debido a que el límite de lanzamientos es 100, cada mentor intenta exprimir a su pitcher lo más que puede. Ciertos lanzadores solamente tienen fuerzas para realizar 75-80 lanzamientos, antes de comenzar a mermar su velocidad, su control o perder totalmente su resistencia. ¿Qué ocurre entonces? Pues nada: los managers, que tienen poca confianza en sus relevistas, o que no pueden utilizar a sus mejores relevistas porque la misma restricción se los impide, intentan “estirar” la labor del abridor, agotado, ya inefectivo, pero decisiones desesperadas son decisiones desesperadas, y el director tuvo que usar a su cerrador porque el as del pitcheo, a quien aún le quedaba cantidad de “gasolina en el tanque” en la noche anterior llegó a 100 lanzamientos a la altura del séptimo episodio, y el cerrador vino en una situación complicada y pasó de 30 envíos.

Esto es solamente el caso en el que los lanzadores no tienen resistencia para llegar al centenar de envíos. ¿Qué pasa entonces con los que tienen para lanzar 120 ó 130 y son cortados con 100 lanzamientos? ¿Acaso no se afectan también?

Bien, esto nos lleva nuevamente a la otra cuestión: el equipo Cuba. Ahí, a menos que estemos hablando del Clásico Mundial de Béisbol, no hay reglamentación ninguna, por eso tuvimos hace cuatro años a un Miguel Alfredo González que lanzó nueve entradas y dos tercios con ocho hits y 14 ponches en la final de los Juegos Mundiales Universitarios en el Meiji Jingu Stadium, o un Vicyohandry Odelín que llegó a 137 lanzamientos más recientemente en la Serie del Caribe en Isla Margarita.

¿Estamos hablando en serio?

Hace dos años, cuando el equipo Universitario de Estados Unidos visitó La Habana para la reanudación de las series amistosas, alguien —por supuesto de la prensa cubana— le preguntó al mentor Dave Serrano que por qué no había dejado que el lanzador Jonathon Crawford trabajara mucho. Su respuesta fue magistral (pero esperada además): esos muchachos pertenecían a universidades, y su deber como director del equipo de Estados Unidos era proteger a sus jugadores y devolverlos a sus lugares de origen en las mejores condiciones posibles.

Sin embargo, los entrenadores del equipo Cuba no piensan en esto. Los jugadores son “suyos”, y si se lastiman en un evento internacional, allá sus equipos con sus problemas. Una vez llegados a las preselecciones, los lanzadores tienen que hacer cambios en los sistemas de entrenamiento, en la mecánica de pitcheo, van además a aprender cosas que debían saber desde antes de ingresar por vez primera en la Serie Nacional. Lo peor es que entonces, para discutir el primer lugar (o el tercero, o el cruce) los mentores de las escuadras nacionales son capaces de dejar en el box a un pitcher que ha pasado de 130 lanzamientos. ¿Cómo quieren entonces que no se lesionen, si es que nunca pasan de 105?

La reglamentación —ya lo he dicho en otras ocasiones— es ineficiente. Realmente, lo ideal sería que cada entrenador de pitcheo analizara lanzador por lanzador qué capacidad tienen sus hombres para establecerles un sistema individual en el que cada serpentinero tenga un límite de lanzamientos y una cantidad de días de descanso posterior al momento en que trabajó. De esta forma, estarían habituados a un método que sin lugar a dudas los haría más efectivos y optimizaría su utilización.

Así, por ejemplo, Yosvani Torres podría lanzar 115-135 lanzamientos, mientras que a Vladimir García le pondrían la luz roja a partir del 80-90. Cada serpentinero tendría su propio tope, pero es más, en muchas ocasiones este tope podría verse afectado por la situación de juego, el nivel de tensión, el clima y hasta el arbitraje o el rival. No es lo mismo un lanzador supersónico que un junkballer. No es lo mismo tirar 100 lanzamientos a la 1:30pm en agosto que a las 7:15pm en enero. No es lo mismo tirar 100 lanzamientos en un juego que se está ganando 1-0 que en uno que se está ganando 11-2.

En la práctica, muchos mentores han buscado ganar el “juego de hoy” abusan de sus lanzadores al extremo de haber lastimado a algunos monticulistas (por ejemplo, Giorge Díaz) y haber malogrado sus carreras. Esta fue la principal causa por la que se creó la reglamentación de pitcheo: obligar a los managers a dar descanso a sus lanzadores, y no desgastarlos tanto.

Nadie conoce mejor a un pelotero que quien se pasa meses preparándolo, meses enseñándole nuevas cosas, meses jugando con él, en una temporada de 45 juegos o más, depende de si clasifica o no. Si llegase a la final, un mentor de SNB y su cuerpo de dirección se pasarían hasta seis meses con ellos… entonces es lo lógico que ellos sean quienes establezcan los límites, no alguien más.

Pero es más que evidente que la CNB no confía en los managers (aunque dicen que todos son “buenos”) o en los entrenadores de pitcheo y los preparadores físicos (aunque alegan que todos tienen un “trabajo serio”). Al final, es la máxima autoridad quien “corta el bacalao” y lo peor es que no puede ir un manager de equipo de Serie Nacional y decirle al mentor del equipo Cuba que por favor, que no utilice a fulano o mengano en el rol de relevista, o que no deje a perencejo efectuar más de 70 lanzamientos, que se agota.

Nota: No soy entrenador de pitcheo, ni ando cerca siquiera. De hecho, estoy hasta seguro de que muchas cosas que he dicho pueden estar equivocadas pero me parece que algunos que sí lo son podrían tener muchas cosas que decir al respecto.

6 comentarios

la verdad es que para cuidar de eso de verían de reglamentar los lanzamiento ejemplo si en el 5inig el lanzador tienes 80 y o 85 sacarlo o si a medidas que valla pasando los inig dejarlo asta que lo cumpla pero no mas de 85 porque eso influyes en la preparación fui lanzador en cuba y trabajo como entrenador de lanzadores y algunas veces se pasan de lanzamiento rey de pronto nos conocemos soy de stgo de cuba y mi nombre es Adolfo canet

Saludos, ¿eres acaso “el” Adolfo Canet que lanzaba con Santiago y con Orientales? Gracias por su comentario, acá estamos…

Excelente análisis, es un asunto complicado para muchos que no tienen claro la prioridad de nuestro béisbol –o no la quieren aceptar públicamente–, el decidir si es más importante un triunfo, que la salud de los jugadores o el disfrute de los aficionados. Creo que todos los cuerpos de dirección de los equipos en todos los niveles debería de dejar de ver a sus jugadores como piezas para ganar un determinado juego, cuando estos logren pensar en lo que verdaderamente importa muchos de nuestros problemas habrán acabado.

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