Serie y pelota cubana, en misa y en procesión

Llueve en Cuba... llueve. (Foto: Reynaldo Cruz/ UB)

Llueve en Cuba… llueve. (Foto: Reynaldo Cruz/ UB)

Por Reynaldo Cruz

A nadie sorprende que no se hayan podido efectuar todos los partidos de la Serie Nacional, aun cuando la lluvia no era la principal preocupación de algunos, entre los que me incluyo. Las particularidades de este calendario, al que podemos augurarle muy corto período de vida (todos sabemos que el año que viene es muy probable que la fecha de inicio y el modo de competencia volverán a ser modificados), hacen que las suspensiones de partidos, sobre todo en esta etapa inicial, sean habituales… demasiado habituales.

En jornadas en las que se dejan de celebrar casi la mitad de los partidos, o en las que dos sub-series no se efectúan por el mal tiempo en un lugar que impide la salida de un equipo y la llegada del otro, nadie se detiene a preguntarse hasta qué punto se analizó la factibilidad a la hora de establecer un cronograma como el actual, sin tener en cuenta tantas cosas elementales, por no decir dejando pasar por alto innumerables detalles que sin dudas afectan el feliz desarrollo de un torneo que ha sido modificado tantas veces en los últimos años que nadie entiende a ciencia cierta un reglamento que además no está al alcance de la población ordinaria.

Lo primero en lo que no se pensó fue en el bienestar de los atletas, que están obligados a jugar bajo la incidencia de los rayos ultravioletas que trae consigo el sol de agosto, en pleno mediodía, porque las noches están vedadas debido a necesidad de ahorrar electricidad, sufriendo ante altísimas temperaturas, y la constante humedad de Cuba, que hace que el calor se sienta aún más intenso. A eso hay que sumar también las condiciones de los terrenos en Cuba, que hace ya bastante tiempo están bien alejados de los estándares requeridos para efectuar torneos de nivel a escala internacional, o los largos trayectos que deben hacer en ómnibus, en una carretera central que en ciertos tramos se convierte en un calvario para los viajeros.

Y claro, el clima, las lluvias que se tornan tan normales en Cuba durante la temporada ciclónica, un fenómeno que ha provocado que una vez terminado el calendario regular no se pueda ir directo a los play off por la necesidad imperiosa de realizar efectuar esos encuentros que quedaron suspendidos por las inclemencias del tiempo. Que nadie dude que casi todos los equipos se verán obligados a pasar por esto… ya sucedió el año pasado.

¿De quién ha sido la culpa? Pues creo que nuestra: de todos los que en más de una ocasión acusamos a la Federación Cubana de Béisbol de padecer de inmovilidad. Ahora, para nuestro placer o desgracia, se mueven demasiado… lo que sucede es que el movimiento es peor que la inmovilidad, y esto ya pasó de castaño oscuro como un clásico “peor el remedio…” y nos encontramos ante una situación en la que el béisbol cubano se ha convertido en una especie de acertijo con cuya respuesta aún nadie ha dado.

Es bien claro que la FCB no ha hecho estos cambios para complacer o por escuchar a las personas que han gritado a voces pidiendo cambios, porque las modificaciones que se han hecho no han sido para nada felices. Todo esto tiene una génesis en el status de rehén que sufre la Serie Nacional, secuestrada por las necesidades del equipo Cuba, que es a la vez la única esperanza o el pináculo para aquellos peloteros que aún no han decidido marcharse del país. En un deporte en el que debe primar lo colectivo por encima de lo individual, resulta contradictorio que muchos atletas consideren más importante integrar el equipo Cuba a un torneo de poca monta que ganar una Serie Nacional. Pero nadie puede culparlos, porque realmente formar parte de la selección nacional implica ciertos y determinados (no muchos) beneficios individuales de los cuales normalmente deben prescindir.

En estos momentos, la Serie Nacional se encuentra tal vez en su momento de mayor incertidumbre. Por ahora se está efectuando este torneo con el objetivo de que llegue a la Serie del Caribe un campeón más “actualizado”, y no el monarca del año anterior. Pero este objetivo a su vez supone una contradicción que “choca” incluso con la esencia misma de la Serie Nacional, y aunque resulte gracioso, con el carácter inmovilista (porque este cambia-cambia tiene más de desesperación y experimentación que de cambios hechos de manera racional) de quienes dirigen la pelota en Cuba.

No se puede EN ABSOLUTO pretender aclimatarnos al sistema de juego de las Ligas Caribeñas y a la vez pretender de manera arrogante tener tantos equipos o jugar tantos partidos, porque una vez terminada la primera fase se sigue jugando béisbol hasta casi el momento de efectuar la Serie del Caribe. Ninguna liga invernal efectúa tantos desafíos como la cubana, y ninguna depende de la selección nacional para tomar una decisión. De hecho, la única liga del mundo que tiene como único objetivo fomentar el dominio internacional (ese dominio internacional que se les escapó de las manos hace unos años) de su selección es la cubana, y paren de contar. El resto es un negocio, concebido para brindar un espectáculo y ganar dinero. El concepto de espectáculo en Cuba está demasiado intricado, y casi nunca este es el objetivo inicial, y si no lo creen, miren solamente las fechas y los horarios de los partidos para esta Serie Nacional.

El otro problema es la molesta “necesidad” que tienen los directivos del béisbol cubano de estar tanto en misa como en procesión, y de asistir a cuanto torneo exista con figuras del torneo principal del país. Cuba es el único país con tradición beisbolera que ha ido a un torneo universitario llevando atletas que juegan en la liga de mayor nivel; de hecho, ha asistido a torneos universitarios con figuras que tenían experiencia en Clásicos Mundiales de Béisbol, algo totalmente inaudito… las palabras sobran.

Ahora mismo se está jugando la Serie, pero podemos asegurar que en el año 2019, cuando se vaya a jugar en noviembre el Premier12 de la WBSC, se parará la temporada, o se (des)ajustará el calendario, y se prolongará el final de la campaña, o se cambiará la estructura para que sean menos juegos y se pueda ir a la Serie del Caribe.

Todo esto está además provocado por el hecho de que en Cuba no se fomenta el béisbol fuera de la parte “formal”… más allá de las áreas especiales, las EIDE, etcétera, no existe una organización que fomente el béisbol competitivo en las escuelas, y con excepción de La Habana, y tal vez una que otra provincia, no se juega pelota en las tardes después del horario de la escuela. Es entonces comprensible que no haya una liga de secundarias (al estilo de las Little Leagues), ni de preuniversitarios (al estilo del Koshien Tournament), ni de universidades (como la NCAA) de las cuales nutrirse a la hora de conformar un equipo de esas categorías, y es también comprensible lo mucho de terreno que ha perdido el béisbol cubano en el mundo. El fenómeno está tan fuertemente arraigado, que incluso atletas de la Serie Nacional que no han pasado por la llamada “Pirámide” del desarrollo como beisbolistas, no gozan de la simpatía de nadie (dígase prensa “especializada”, seleccionadores nacionales, federativos), por lo que les es muy difícil integrar la escuadra nacional.

Los cambios que se han hecho hasta hoy son apenas cosméticos, y ninguno apunta al núcleo del problema, que parece ser una plastilina que cambia de forma, pero que sigue teniendo la misma textura, el mismo peso y el mismo volumen. Mientras no se hagan cambios destinados a hacer de veras un espectáculo del béisbol, no avanzaremos hacia ningún lado… al final, sometiendo al torneo doméstico a las particularidades de las competencias internacionales, importantes o no, estaremos en el mismo sitio.

Más de una vez he dicho que la Serie Nacional no debe ser el torneo en el cual se basen los seleccionadores del plantel nacional, pues son demasiados los equipos. Eliminarla como tal, o acortar los equipos es otro disparate: es necesario jugar béisbol para desarrollarlo, y en Cuba se juega DEMASIADO POCO. El torneo para escoger al campeón que participará en la Serie del Caribe tiene que ser uno con menos equipos, con mayor rigor y mucha menos masividad, pues esta da paso a la mediocridad.

La Federación Cubana de Béisbol, en su afán enfermizo de monopolizarlo todo, se ha hecho cargo del selección del Todos Estrellas (un disparate sin precedentes), la selección de las figuras que participarán en el Juego de las Estrellas, y el más grande “libretazo” de la historia lo efectuaron cuando dieron un literal Golpe de Estado al Comité de Selección de los miembros del Salón de la Fama del Béisbol Cubano, y les quitaron no solo la potestad de decidir, sino que también eliminaron la posibilidad del lugar donde se erigiría el museo (el Centro Recreativo Cultural José Antonio Echeverría, antiguo Vedado Tennis Club), y le cambiaron el nombre, como mismo hizo un vez Trujillo con la capital dominicana. Al final, han querido abarcarlo todo, controlarlo todo, poseerlo todo… y no han dejado nada para la afición, pues hoy el una vez atractivo béisbol cubano es apenas una caricatura de lo que fue en el pasado.

¿Puede entonces pedirse más de esto? Creo que bastante bien parados hemos salido los que amamos el béisbol: estamos disfrutando de un equipo matancero que parece invencible (y haber olvidado lo que es perder), una maquinaria como la del equipo cubano en aquellos increíbles años 90 —y posiblemente este sea “su año”; estamos además teniendo la oportunidad de ver el resurgimiento de un equipo como Camagüey, víctima de una maldición (hablaré sobre esto en el futuro) que parecen dispuestos a romper, y quién sabe si hasta ganar una Serie Nacional; vimos a un Holguín recuperarse de un momento patético para luego ganar 10 juegos al hilo; y además pudimos conocer sobre el no-hit (con una carrera) lanzado por los serpentineros del eléctrico plantel agramontino. Por otro lado, tuvimos un gran entretenimiento: Víctor Mesa volvió a hacer de las suyas y fue suspendido apenas en el primer tercio, Yosvani Alarcón se abalanzó sobre Alexander Rodríguez (aún no sabemos por qué razón) y ambos protagonizaron un abrazo-pelea que dejó sorprendidos a todos los jugadores de ambos equipos. Tanto VM32 como Alarcón merecen las palmas, por haber intentado poner un poco de emoción a la serie —y perdonen mi cinismo.

Nada que objetar, pues una llamada telefónica de un directivo en el pasado para apaciguar a un manager un tanto malcriado (disculpas, Roger Machado, pero es la verdad) desencadenó tal vez en uno de los más vergonzosos incidentes del béisbol cubano cuando el árbitro Osvaldo de Paula, temeroso de sufrir un destino similar al de Lorién Lobaina, permitió que un partido se le fuera de las manos y terminase en una agresión con características de tentativa de asesinato y dos largas suspensiones a dos atletas.

Y las contrataciones… ¿qué decir al respecto? Si es que apenas el mes pasado aconteció uno de los mayores fiascos desde que se firmara el primer contrato profesional de un pelotero cubano con la Federación como agente: la deserción de José Adolis García cuando hizo escala en París luego de que los Yomiuri Giants le cerraran el contrato en la Liga Japonesa. Este fracaso se compara con el pasaporte falso de Alfredo Despaigne en México o el rechazo de contrato con los Yokohama DeNA BayStars de Yulieski Gurriel y su posterior deserción en la Serie del Caribe.

En medio de la desesperación por no saber qué hacer con la pelota cubana, cómo motivar a los atletas a jugar en la Serie Nacional y pretender luego que no quieran abandonar el país —como ha sido la tónica en los últimos tiempos—, la Federación Cubana de Béisbol se ha quedado prácticamente sin ideas genuinas y felices. Es evidente que no se puede lograr lo que quieren, no con las condiciones actuales: celebrar la Serie Nacional para participar en la Serie del Caribe con un campeón más “actualizado”, participar en torneos como el Clásico Mundial de Béisbol, el Premier12 o los Juegos Olímpicos (primero hay que clasificar para estos últimos, algo para nada seguro hoy), y además permitir contrataciones. Algo está destinado a fallar, uno de los objetivos no se cumplirá de seguro, o varios objetivos… o ninguno.

3 comentarios

En Cuba el estado del beisbol es un reflejo mucho mas cercano al estado de la vida social, economica y politica del pais que en potencias de este deporte como EEUU y Japon. Tu articulo impecable, ya estamos acostumbrados y sabemos que respetas tu firma lo suficiente como para no colocar algo pobre o mal elaborado. Las respuestas a todo ese desastre la puedes encontrar en cientos de comentarios a tus articulos colocados por los foristas que atendemos regularmente tu blog en el corriente y los ultimos anos. Saludos

Hoy murió Tomas Moreno,vieja gloria de nuestro beisbol,jugo cf de Colombia por mucho tiempo,campeón mundial 1965

cruz, supongo que ud tenga todos los detalles, pero siempre que se menciona el caso del pasaporte falso de despaigne se dejan las cosas en el aire y da la impresion que fue obra del granmense. al develarse las cosas, el equipo mexicano de inmediato declaro su responsabilidad total, pero las agencias cablegraficas por su parte hicieron su agosto. el asunto fue que enrique rojas, encargado del descubrimiento, dejo las cosas asi y no profundizo, lamentable camelo periodistico..

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